Tu voz vende (15 marzo 2012)

Enrique Sueiro

Ejecutivos, Madrid, 15 marzo 2012

Sobran charlatantes y faltan voces con alma. A la “espiral del silencio” de la que hablaba la socióloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann cabe contraponer hoy una especie de espiral del ruido: saturación de mensajes, exceso de volumen, confusión de contenido y dispersión de la marca. Todas estas amenazas sepultan proyectos llamados al éxito. ¿Por qué fracasan? Por inaudibles. En el mejor de los casos, son empresas que automutilan su fecundidad por no encontrar una voz equiparable con la calidad de su mensaje o producto. Es como el mejor regalo en el peor envoltorio.

Tan erróneo como medir la belleza solo por el maquillaje es no mimar la voz, sobre todo, si te dedicas a vender y no a regalar en el mercado internacional. Más aún en tiempos de turbulencias.

No trate de ser mejor orador que persona porque la audiencia se dará cuenta, nos advertía Quintiliano veintiún siglos atrás. Gran sabiduría la de este retórico y pedagogo que resumía el concepto de buen orador como una buena persona que habla bien. En efecto, más vale estar callado y parecer tonto que hablar y demostrarlo. De igual forma, más vale hablar bien con buena voz que perder negocio por descrédito acústico.

Traducir mensajes, no palabras

El arte de la comunicación efectiva es una sutil armonía de sentidos y sensibilidades: escuchar con vista, hablar con tacto, decidir con olfato, observar con oído y elegir con gusto. Por eso los directivos que huyen del peligroso cortoplacismo y lideran las percepciones del mercado valoran la relevancia de contar con una voz que identifique a su empresa de manera que salte a la vista y al oído. Este punto de sutileza profesional se torna crucial para empresas multinacionales que han de transmitir mensajes –que es mucho más que palabras– en otros idiomas y en otras culturas. Está en juego la credibilidad.

Como asesor para Alta Dirección aplico modelos de escucha entrañablemente humana y directivamente sostenible. Constato su efectividad en las peticiones que recibo para orientar y formar a empresas y directivos que buscan consultorías de calado, las que van más allá de cuestiones técnicas o periféricas, que evidentemente son necesarias, pero en las que se acierta mejor cuando lo nuclear está claro.

Definida la comunicación estratégica y, por tanto, concluida mi misión, llega la hora del ropaje, la ejecución técnica, el desarrollo instrumental… Aquí percibo con frecuencia la necesidad, no siempre reconocida explícitamente, de contar con especialistas de alta cualificación: por ejemplo, voces adecuadas para mensajes de audio y vídeo con fines promocionales, comerciales, empresariales, técnicos, culturales o educativos.

Conozco a pocos con la trayectoria y sensibilidad de 1A-Locutores (www.1a-locutor.es). Esta empresa española especializada en locuciones internacionales aglutina a una veintena de profesionales nativos en los idiomas más hablados en el mundo y otros como el sueco, árabe, danés, vietnamita, japonés, coreano, etc. Son voces masculinas y femeninas de expertos familiarizados tanto con el micrófono y la escritura como con la cultura del idioma al que traducen. Garantizan alta fidelidad al mensaje y presentan de forma amable lo bueno de fondo.

Admiro su meticulosidad para ofrecer voces genuinas, sin acento delator. El alma mater de 1A-Locutores es la periodista Katia Borrás. Su voz, modulada durante años en Radio Baviera (Múnich), es la elegida para que salte al oído, con eficacia comercial, el alma de entidades tan diversas como BMW, Hugo Boss, Miele, Canal Arte, Motorola, la ONU, Siemens y Toshiba.

Acento inadecuado, producto peor aceptado

Saber idiomas solo sirve si tienes algo interesante que contar.  Por eso aprecio mucho el énfasis de Katia en lo que apenas he pensado hasta hace poco. Según explica, “un mensaje dirigido a un público concreto expresado con un acento inadecuado puede derivar en una mala aceptación del producto, puesto que el oyente identifica, no ya el acento, sino todo el mensaje como falto de autenticidad. No pocas veces se ha tenido que repetir la grabación con un nuevo locutor. En estos casos la grabación sale cara, puesto que cuesta el doble en tiempo y dinero”.

Fruto de realidades compartidas y reflexiones maduradas, hace tiempo concluí que la comunicación empieza por escuchar: audio, ergo communico. Aquel audio que escucha se completa y enriquece después con el audio que habla. Cuando la credibilidad cotiza al alza, tu voz vende.

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