Comunicar ciencia, en dos palabras (3 marzo 2010)

Enrique Sueiro
Diario de Navarra, 3 marzo 2010

Según Woody Allen en Desmontando a Harry, las dos palabras más hermosas ya no son “te quiero”, sino “es benigno”. En Comunicación Biomédica hay otras dos dignas de considerar y, de vez en cuando, pronunciar: “No sé”. En la ciencia más próxima al dolor y al sufrimiento de tantas personas estimula reconocer cuánto sabemos y cuánto ignoramos. Y de todo lo conocido, con qué cautela hemos de comunicarlo.

Estas cuestiones se plantearon en un curso de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) organizado por el Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER) de Enfermedades Neurodegenerativas. Como se sabe, los CIBER son consorcios que agrupan a equipos científicos de élite financiados por el Ministerio de Ciencia e Innovación.

Un debate como el de Santander puede surgir del 10 al 12 de marzo en el V Congreso sobre Comunicación Social de la Ciencia, que organiza el Planetario de Pamplona. Por si ayudan, propongo algunas ideas que, lógicamente, requieren más matices de los que apenas se pueden esbozar en pocas líneas.

Primar la educación. Es lo más eficiente -y complicado- de diseñar, aplicar y mantener en el tiempo, al margen de partidismos. Sugiero fomentar iniciativas como la asignatura Ciencias para el mundo contemporáneo en Bachillerato y un esfuerzo de todos por conocer y emplear mejor la lengua española, sobre todo, léxico y sintaxis. Por supuesto, otros idiomas también pueden ser imprescindibles (inglés) o muy recomendables.

Saber comunicar saber. Mejorar las capacidades del especialista lo convierte en buen transformador de alto voltaje en energía doméstica, valga la comparación, y le permite simplificar bien lo complejo. Conviene aumentar tanto los conocimientos científicos del comunicador como las habilidades comunicativas del científico.

Moderar la avalancha informativa. Frente a la saturación, criterio selectivo. Para ello puede intentarse un consenso sobre qué es noticia y cómo presentarla. Ejemplar la pauta de proyección del Centro del Cáncer de Johns Hopkins, en Baltimore. Aun tratándose de una entidad puntera, convoca escasas ruedas de prensa.

Democratizar la cultura científica. Estoy convencido de la efectividad de ideas como las de James Fishkin en el Center for Deliverative Democracy en la Universidad de Stanford. En síntesis, considera que los ciudadanos no están bien informados sobre asuntos públicos relevantes, de los que tienen prejuicios y sólo ligeras referencias. Para mitigar esta deficiencia propone la Deliberative Polling: selecciona a un grupo de personas, se les ofrece información y comienza un debate con expertos. En un fin de semana muchos ciudadanos cambian de opinión.

Ofrecer contexto. Ciencia, comunicación, política y dinero constituyen ámbitos intervinculados. Ignorar esta realidad dificulta comprender algunas situaciones manifiestamente mejorables de la ciencia. La necesidad de un contexto apropiado resulta determinante en el mundo del flash, los 140 caracteres y el gen de la semana. Un marco así facilita celebrar con entusiasmo los hallazgos y, al mismo tiempo, ponderar la provisionalidad de las conclusiones.

Conciliar datos y emociones. Lo importante en la vida no suele medirse por ciencias exactas. Una manera de atinar en la búsqueda de ese equilibrio es el contacto permanente con asociaciones y pacientes para calibrar su percepción. Así lo experimentan, entre otros, los CIBER que organizan foros sociales.

Aliar a científicos y periodistas. Aunque algunos colegas discrepan y me hacen pensar, sigo apostando por que los investigadores conozcan cómo funcionan los medios de comunicación y que los periodistas pasen por los laboratorios. Nicky Old, jefe de Prensa de la Universidad de Oxford, ha experimentado la eficacia de la apertura de puertas y mentes, sobre todo, en cuestiones controvertidas de la investigación biomédica.

Leer entre líneas y entre números. Un público con cierta cultura científica es capaz de leer entre líneas y, a veces sin ellas. Ilustra el documento The Public’s Perception of Medical and Cancer Research, del Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU., en el que los pacientes critican que sólo se informe de los éxitos. Por esa misma razón, también es recomendable leer entre números para no dejarse engañar por la conocida tríada de “mentiras, grandes mentiras y estadísticas”.

Escribir este artículo es mucho más fácil que practicar su contenido. Aun así, merece la pena impulsar la investigación científica e inyectar creatividad en el modo de comunicarla, con dosis adecuadas de rigor y claridad. Cuando esta pareja va de la mano surgen dos palabras como las que escuché en la clausura del curso de la UIMP. Una señora del público intervino para decir a los investigadores algo que me conmovió y estimuló: “Muchas gracias… en nombre de la humanidad”.

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